Opinión

Outfits en tiempos de COVID-19

Somos parte de una etapa histórica, el reciente brote del COVID-19 ha obligado a casi la mitad de la población a un confinamiento involuntario, cambiando nuestro estilo de vida y percepción de la misma.

Si bien, más de un sector se ha visto forzado a frenar o disminuir sus operaciones, la moda no es la excepción, pues permanece paralizada. En medio de esta situación algunos diseñadores se han fijado como objetivo la elaboración de mascarillas, geles anti-bacteriales, entre otros, para aportar su granito de arena.

Estamos encerrados, sí, entonces… ¿Todavía vale la pena vestirse? Es la pregunta que con la que seguro todos iniciamos el día.

Antes del confinamiento teníamos un ritmo de vida acelerado, pero que también nos daba un motivo; levantarnos por la mañana, alistarnos y vestirnos para comenzar. Hoy, ¿eso realmente importa? Nos hemos olvidado de los desplazamientos hacia nuestros trabajos, escuelas u otras actividades.

No quiero verlo desde una manera banal en la que solo nos preocupa la imagen que damos ante los demás, sino como un análisis sobre cómo el encierro afecta nuestra motivación y ganas de crear una buena imagen para nosotros mismos.

Durante el confinamiento hemos sido capaces de establecer una rutina, aunque no hemos querido ver aún que hay una gran ruptura en ella y por lo tanto una re-estructuración per se.

La premisa de la moda siempre ha sido que no es para el ojo ajeno, sino para el propio. En cualquier caso, hoy la revaloraliza puesto que solo nos vestimos para nosotros.

Personalmente no creo que “salir” sea el único motivo para “arreglarse”, aunque he de decir que nunca he sido de las que se arregla mucho para ser sensata. Mi rutina es básicamente la de dejar mis rizos definidos, rímel y vámonos.

Hace unos días, una chica con la que trabajo manifestaba que se sentía mejor con ella misma si usaba su ropa favorita durante el trabajo remoto. Hizo un reto en Tik Tok y en el momento en el que cambio de su pijama a sus prendas favoritas hasta la mirada le cambio. (Sarita, si lees esto, desde ese día ya no trabajo en pijama, siéntete orgullosa).

Fer Ortega

Abrir el armario por la mañana es casi un ritual, yo solía preparar mi ropa por la noche y a veces elegía mis conjuntos hasta para dos días seguidos, solo cambiaba los suéteres o chamarras si es que por la mañana veía el clima más cálido o más frío.

La cuestión es,  ¿por qué no replicar lo mismo durante el confinamiento? Elegir prendas llamativas, que nos sienten bien o nos gusten, según sea el caso, pueden modificar nuestro rendimiento -porque aunque no lo digamos, sí buscamos ser más productivos estando en casa- y es un hecho que la ropa tiene este poder.

¿Por qué no ponerte esos jeans que llevan abandonados en tu armario por meses, o la blusa que no te atreves a ponerte porque crees que no se te ve tan bien? ¿Una playera de tu caricatura o videojuego favorito? Qué sé yo, con la moda, lo que te acomoda ¿no?

Katia Delgado

Empecemos a desenrollar este ovillo por la bondad más importante: la que nos debemos a nosotras mismas. En 2014, la psicóloga de la Universidad de Hertfordshire de Inglaterra, Karen Pine sintetizó en Mind what your wear: the psychology of fashion (“Cuidado con lo que te pones: la psicología de la moda”) los distintos estudios que, hasta la fecha, habían tanteado la relación entre cómo nos vestimos y cómo nos sentimos.

Su libro retrató lo que ya sabíamos: la ropa que nos ponemos revela nuestro estado de ánimo. Pine afirmó que el 73% de las 400 personas que encuestó se vestían para sentir más confianza en sí mismas, no para impresionar ni para influir en la opinión de terceros. La moda, a pesar de desplegarse en nuestro exterior, conecta directamente con lo subjetivo. Para una gran mayoría, es un fenómeno de la autoconciencia.

“Lo que nos ponemos tiene consecuencias cognitivas, sociales y emocionales –explica Pine–. Las mujeres tienden a llevar vaqueros cuando están bajas de ánimo o deprimidas. Recientemente descubrí que cuando sufren estrés, su mundo se reduce tanto que terminan poniéndose muy pocas prendas: el 90% de su armario desaparece. Eso permite especular acerca de si sería posible influir en las emociones poniéndonos ropa diferente. ¿Podríamos inducir un ánimo más optimista llevando ropa que nos haga felices? La ciencia dice que . Somos lo que vestimos, pero también podemos llegar a ser lo que nos ponemos”. En su libro, Pine llega a predecir que la ropa será capaz de hacernos sentir abrazados en un futuro no demasiado lejano. Dado los beneficios psicológicos de los abrazos, el recurso a un sustito textil de los mismos no parece tan mala idea.

¿Y si el acto de vestirse a diario dejase de ser una fuente de estrés y se convirtiese en un ritual disfrutable? Por que eso sí, una cosa es la moda y otra, el estilo, como lo diría Andrea Amoretti.

Esta época viene a resignificar muchas cosas, desde el cambio de rutinas, de pensamientos o estados de ánimo. Los momentos de crisis son transformadores, y quién sabe, igual y hasta nos hacemos de un estilo diferente, nos encontramos un nuevo hobbie o un talento escondido.

Sarah Cruz

Tal vez empecemos a percibir todo con nuevos ojos, desde industrias como esta, hasta revalorización del trabajo de quienes hacen la moda posible.

Cuéntanos qué te motiva para iniciar tu día en tiempos de confinamiento, a mí la verdad, ponerme mis leggings favoritos mientras me preparo una taza de café y me busco una playlist sabrosa.

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