Sex&CDMX

Yo no soy feminista, ¿o sí?

Por Phanie Rodríguez

Aún recuerdo cuando mis amigas empezaron a hablar de feminismo, una volteó y me dijo “tú eres más feminista que Fulanita, mira cómo vives, ella sólo lo dice, tú lo haces”, y me ofendí, no podía sentirme identificada con esas mujeres radicales y violentas. Yo no era feminista, era un ser humano tratando de ser la mejor versión de sí mismo, fin. ¿Tratar de segregar al hombre a través de un discurso de odio? JAMÁS. Todos somos iguales y no entiendo siquiera por qué es un tema del que estemos hablando, me repetía. Ser mujer es maravilloso, es un privilegio.

Pero con el paso del tiempo entendí, descubrí para mi sorpresa que mi realidad no era la realidad de todas, es más, ¡ni siquiera de la mayoría! Abrí los ojos y me di cuenta de que para mí, ser mujer siempre había sido increíble, pero no todas viven así.

Aún cuando mi color favorito es el rosa, crecí en un hogar sin roles de género. Mi mamá, una verdadera feminista, de esas de los años 70, fue y siempre será mi más grande ejemplo y fuente de inspiración. Fue de esas rebeldes que en sus tiempos estudió no una carrera, sino dos, más una maestría. Cuando fue madre se enfocó a educar un ser humano fuerte, empático, autosuficiente, no una hija. Si llegaba mi primo con sus dinosaurios o carritos, nunca dijo “eso no es de niñas”, cuando me veía arrastrándome en el piso jugando con él, si él agarraba mi oso o jugaba a la comidita conmigo, nadie le decía que “eso no es de hombres”, es más, en mi adolescencia me dio por andar de gorra de baseball al revés con tenis y pantalones medio cholos y nadie me dijo que no era una señorita por ello. Cuando lo cambié por tinte, maquillaje, taconazo y minifaldas color pastel, entonces sí, mi mamá dijo que le preocupaba que me fueran a molestar. Cosa que prácticamente nunca me pasó pues casi no andaba en transporte público, siempre fui privilegiada.

Y es a partir de este recuerdo que me di cuenta que aún cuando tuve la fortuna de crecer bajo el amor y protección de una mujer maravillosa, incluyente, gender free, empática y amorosa, no todos tienen la misma suerte, que incluso ella temía por mi seguridad pues aun cuando a mí me inculcó valores, allá afuera había muchos a quienes no.

Para mí era complicado entender que la gente peleara e incluso odiara a su semejante por su género, preferencia sexual, identidad, etcétera. Sentía que era imposible porque no es parte de mi esquema y por lo tanto seguramente como sociedad todos éramos iguales. Pero no.

Hoy, hasta para quienes crecimos en un entorno color rosa, se ha caído la venda, la realidad ha superado con tal ferocidad cualquier ficción o película snuff, que tenemos sí o sí, que sumarnos a la lucha de aquellos y aquellas que no han sido tan afortunados como nosotros.

Sí, después de muchos años, pláticas entre amigas, con las niñas Runway y hasta con expertos de la COPRED, me doy cuenta que soy una feminista y que he sido privilegiada, pero hoy quiero compartir con mis congéneres y todo aquel que se sume a la lucha para que ese privilegio, esa tranquilidad, el ni siquiera tener que pensar en ser feminista, sea algo natural y común. Que todos en algún momento lleguemos a ese punto en la sociedad donde hablar de diferencias de género, roles, etcétera, ni siquiera sea tema de conversación, más que para hablar de historia. Desde un medio conformado 100% por mujeres esperamos estar poniendo ese granito de arena para cambiar el mundo.

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