Sex&CDMX

Despertaron a la generación equivocada

Ilustración: @erinaniker

Crecí en un matriarcado total, en mi casa las mujeres siempre fueron las chingonas, las fuertes, las que cambiaban las bombillas, mataban arañas, arreglaban la lavadora, hacían de comer y trabajaban. Crecí con la idea de que no hay cosas exclusivas para hombres ni para mujeres.

Mi abuela todavía tiene muy arraigadas ideas de su época, y cada que viene un tío a visitarla exige a sus hijas que se le atienda, que se le dé, que se le acerque, que se le pregunte. Ella me crio, pero sus ideas no trascienden en mi actuar.

Me declaro abiertamente feminista, no por creer que las mujeres somos superiores a los hombres, sino porque considero absurda la idea de nacer de la costilla de uno de ellos, porque he visto que podemos hacer cosas que se piensan únicas del sexo masculino, y porque a pesar de las innumerables diferencias en nuestros cuerpos, tenemos dos órganos que nos funcionan de la misma manera: el cerebro y el corazón.

Tampoco diré que ser mujer es un privilegio, y menos en estos tiempos, y menos con las ideas machistas que nos pisan los talones en cada paso que intentamos dar. Pero claro que es de aplaudir que cada vez que intentan hacernos menos, levantamos el puño con el triple de fuerza con la que fue dominado.

Nunca nos han dejado florecer del todo, pero estas frágiles flores ya se cansaron de crecer a medias. Se los digo ya: despertaron a la generación equivocada. Y la despertaron de la peor manera.

Hace unas semanas me di a la tarea de contestar y compartir con algunas amigas la encuesta Que se sepa, el estudio más grande que se ha hecho sobre violencia sexual en la historia. Qué fuerte darte cuenta que conductas que a la mayoría le parecen normales, en realidad son un tipo de violencia.

Una vez camino al trabajo un tipo en bicicleta me dio una nalgada, no lo vi venir ni supe cómo reaccionar, y me quedé ahí parada con una mezcla de coraje, miedo e impotencia. En una ocasión no me di cuenta y me bajé dos paradas después del transporte, mientras regresaba sobre la avenida cuatro tipos diferentes me chiflaron, me pitaron y me gritaron desde sus carros, iba con jeans, playera y tenis, lejos de halagarme me hicieron sentir súper incómoda. En otra ocasión un novio me jaloneó porque bromeé acerca de un tipo que había pasado y me pareció guapo, creí que era broma que se había molestado, pero cuando me jaloneó diciéndome que me regresara “para verlo bien” me saqué tanto de onda que solo le pedí que me soltara y me fui.

No saben la cantidad de veces que he escuchado frases como “nombre, si me compro ese vestido mi marido me mata”, “a mi novio no le gusta que me maquille tanto”, “no, está muy escotada esta blusa, qué van a decir cuando me vean”, “¿cómo va a limpiar él? Limpia tú”, “los hombres no lloran, acuérdate” …

Lo que sí saben es la cantidad de mujeres que a diario mueren en nuestro país a manos de un hombre. Del que decía quererla, del que prometió amarla y protegerla, del que esperábamos que la cuidara, del que se hinchó de “valor” y decidió que el cuerpo de una niña podía ser de su propiedad.

Estamos hasta la madre de que nos vean como un objeto al que pueden manejar a su antojo; de tener que viajar en un vagón exclusivo para mujeres porque en los otros viajan solo animales incapaces de respetar a una mujer; de tener que abstenernos de salir a divertirnos por miedo a ya no regresar a casa; de no poder usar ropa que deje un poco de piel a la vista porque al parecer eso les da derecho a tocarnos sin nuestro consentimiento; estamos hasta la madre de que nos maten porque se les pasaron las copas, porque no midieron su fuerza, o porque simplemente no les importamos.

Yo estoy hasta la madre de que alimenten en los niños conductas machistas, que justifiquen comportamientos misóginos en los trabajos, que cubran y solapen los acosos de los que son víctimas las alumnas en las escuelas.

Y como decían por ahí, no es que a los hombres no los acosen, no los maten, no los violen, pero la cantidad de abusos y violencia hacia las mujeres es inmensamente mayor que la que presentan los hombres, y por lo mismo requiere mayor importancia. Es tan culpable el gobierno con su ineptitud como nosotros que seguimos fomentando esta sociedad machista y podrida en la que los feminicidios y la violencia de género ya es el pan de cada día.

Movimientos como el del 9 de marzo son un grito para pedir ayuda, para detener de una vez por todas esta ola de sangre y violencia que no solo afecta a las mujeres, sino a los papás, hermanos, amigos, primos, novios y esposos de ellas. Porque no solo los hombres matan, violan o agreden a las mujeres, también lo hacen la indiferencia, la ignorancia y la desigualdad.

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