Sex&CDMX

La crisis y el cambio: Odio, feminismo y justicia

Este texto habla de mi sentir, de mi perspectiva. No hay motivos personales.

Hablar de feminismo en pleno 2020, en pleno resurgimiento y descubrimiento de la cuarta de sus olas parece impulsivo, autodestructivo y controversial por donde lo veamos. He de confesar que cuando nos pidieron hablar del tema, mi mente se rehusaba; pensé que no era apta para siquiera dar mi opinión, por que a pesar de ser mujer no me considero una mujer feminista, tampoco considero ni veo alejado al hombre como un ente que no pueda decirse o cuestionarse como feminista. Seguramente cada mujer que lea este texto estará en mi contra, se arremeterá contra mí y me cuestionará ¿cómo te atreves? Eres una de las nuestras.

Y la razón es muy sencilla, desde que tengo memoria no recuerdo que me hayan educado como mujer, no recuerdo ni una vez en la que mi padre me haya dicho que no podía hacer algo, claro, apostó más por mi talento intelectual que por el físico, pero incluso cuando yo tomaba una postura, decidía dejar algo por la paz o tomar una dirección distinta, él no ponía oposición, al contrario. No me concedía todo lo que pedía, pero sí me decía que debía ser más fuerte, que debía hablar, trabajar y defender siempre mis argumentos. Mi madre tampoco me obligó a las tareas domésticas, me aconsejaba cómo hacerlas, aunque yo veía a mi padre planchando mi uniforme los domingos y haciéndonos la cena a mi madre y a mí; lo veo incluso cocinar cada vez que la hace de anfitrión. Veía a mi madre y aún la sigo viendo cada tarde yéndose a trabajar.

Hasta hoy no hay frase que me ronde más por la cabeza que la que Simone de Beuvoir profesaba : “No se nace mujer, se llega a serlo” -porque no hablamos más que de un constructo social-. Ni la misma filósofa francesa se proclamó feminista tras El segundo sexo sino hasta ver su impacto en el resurgimiento de la tercera ola y la reivindicación de la mujer después de la segunda guerra mundial.

Claro, no voy a decir que nunca he sufrido de acoso en el transporte, que ocasionalmente algún hombre me hace sentir incomoda, pero me recuerdo a mí misma haciéndome escuchar cada vez que algo me hacía sentir inferior, aunque no últimamente, pues he confesar que en estos días me he sentido insuficiente, incapaz y vulnerable. El otro día, tenía una conversación con una de mis amigas más allegadas y me decía que nació bajo el seno de una familia que la hizo fuerte, que la empoderó y que estas reacciones venían desde su abuelo que hizo de su esposa una mujer fuerte e independiente.

Recuerdo también que lo más bello que un hombre me dijo una vez era que quería tener una niña, que quería hacer de ella una mujer fuerte, valiente, decidida, una que supiera defender sus derechos, hacerse valer, ser escuchada.

Siento que desde aquí parte todo lo que el feminismo proclama –en cualquiera de sus etapas, por supuesto- hemos buscado por siglos la equidad, los mismos derechos no por género, sino por persona y al menos para mí, esto es el meollo de cada movimiento.

Nuestro peso como féminas siempre ha sido relevante durante la historia. La mujer ha tenido la fortaleza para dar a luz, para ser figura divina, para cultivar frutos y cuidar al ganado, para sostener un hogar, pero cuando siquiera se le ocurrió contemplar y despertar su conciencia, fue acusada, porque su poder es tanto que significa peligro. Pero también me pongo a pensar ¿no ha habido hombres conscientes de nuestro valor o nuestros derechos como personas? Muy lejos de la compasión, el amor o la pasión desatada por una mujer.

¿Qué hay de personalidades como Jonh Stuart Mill? Aquel filósofo francés que a pocos minutos de conocer a Harriet Taylor -una joven feminista que había recibido una educación privilegiada- quedó perdidamente enamorado de ella. ¿Qué hay de su profunda amistad? ¿de la comprensión de sus ideales sobre los derechos del hombre y la mujer, sobre el feminismo y otros temas sociales? ¿Qué hay del respeto que él sentía por ella? Los franceses, unen sus vidas muchos años después, cuando Harriet enviuda.

Tras la muerte de ella, Jonh decide publicar El sometimiento de la mujer en 1869. Mill no consiguió ninguna de sus expectativas, fue juzgado por el Times cuando intentó realizar una reforma social cambiando la palabra “hombre” por “persona”. Sin embargo, llevar la petición del voto al parlamento fue muy importante para las sufragistas y para que la cuestión llegara a la opinión pública.

En palabras de Elizabeth Stanton –sufragista y abolicionista- “Terminé el libro con una paz y un alegría que nunca antes había sentido; se trata, en efecto de la primera respuesta de un hombre, de ver y sentir todos los sutiles matices y grados de los agravios hechos a la mujer, y el núcleo de su debilidad y degradación”.

Mill había escrito el libro en memoria de todo lo que Harriet marcó en su vida, en nombre de su hija y en busca de un mundo más justo para ambas, para todas las demás.

¿Qué hay de Sartre y la relación abierta que tenía con Simone de Beuvoir? Ambos creían que no eran tan intelectuales, que tenían gustos tan banales como los simples cómics. Avergonzados de sus lecturas, se dieron cuenta de lo únicos que eran con aquellos gustos;  cuando uno hablaba parecía no existir nada más en el mundo porque esa relación era de iguales.

Los unía la forma de ver el mundo y la escritura. No solo nunca vivieron juntos lo cual era escandaloso para la época, sino que se permitían tener amantes, otro hecho también escandaloso.

Cuando Simone leía uno de tus textos era tan dura como una profesora, pero él amaba eso de ella. Sartre nunca publicó nada sin que Simone lo hubiera leído palabra por palabra y criticado.

“Lo maravilloso de Simone es que tiene la inteligencia de un hombre y la sensibilidad de una mujer”.

Quizá Sartre no actuó tan contundentemente como Mill, sin embargo, ese apoyo, esa comprensión incondicional y esa paridad de género que ambos tuvieron con sus amadas, es un hecho que no volteamos a ver hoy, en plena cuarta ola del movimiento.

Por ahora, veo mujeres ofendidas, veo odio, veo a muchas que dicen que no necesitamos el apoyo del varón, que argumentan que su participación es una falta de respeto tan grande como la de presentarse a un funeral sin invitación y quizá tengan razón porque entre tanto duelo e injusticia uno busca sentir seguridad con sus iguales, más no lo comparto.

Esta amiga íntima de la que hablo arriba me decía que me pusiera a pensar en el día en que una de nuestras cercanas nos faltara, que muriera o que fuera violada, sí, es verdad, la noticia sería desgarradora, solo tal vez después nos levantaríamos al pie de lucha. Pero también creo que todo nace desde la educación que recibimos en casa ¿cómo educamos a esos niños/as para que se conviertan en adultos agresivos, llenos de odio, vacíos de amor?

El estudio titulado La agenda legislativa pendiente de la igualdad de género ¿Qué sigue después de  paridad? del Senado del Gobierno de México, resulta aún insuficiente, más importante para un cambio. Afirma que para que realmente hablemos de paridad de género nos faltan aproximadamente 98 años, pero ¿qué movimiento no es así? ¿Cuántos años tuvieron que pasar para que las sufragistas tuvieras derecho al voto? Más de 20 después de las conversaciones en el Seneca Falls.

En pleno 2019 se les fue otorgada la licencia a las mujeres de Arabia Saudita para que pudieran conducir. Volvemos al tema de la educación.

Si me preguntan, sí, si estoy a favor del paro del 9 de marzo, el día de hoy estoy también a favor del feminismo, de la lucha y en el momento en el que tenga que levantarme en pro del  movimiento lo haré, pero no, no estoy de acuerdo en la exclusión del otro género, porque estoy firme en que la otredad nos separa, pone de manifiesto el creerse superior que el otro y las personas necesitamos personas para hacernos escuchar. El voto de las mujeres, sí, fue propiciado por mujeres, pero no sucedió hasta que en una corte, hombres tomaran bajo su poder la decisión, lo mismo con el aborto y con mil y un cuestiones más.

No quiero decir que eso haga superiores a unos u otros, sino que como sociedad la lucha va pareja porque hablar de feminismo es politizarlo todo cuanto le atañe y la sociedad no funciona dividida. Estoy completamente segura de que para generar un verdadero cambio nos necesitamos a todos y convoco a que seamos muy conscientes en que pasarán generaciones para poder ver un cambio.

Es muy probable que en esta vida no nos toque presenciarlo, más nos toca estar juntos en la crisis, en la evolución, en el cambio.

¿Qué opinas tú? ¿Qué compartes? ¿Con qué estás en contra?

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