Fashion Weeks

La anarquía, teatralidad y realeza del punk de Givenchy

Imágenes: Vogue 

Un profundo respeto por la casa de moda Givenchy y alta costura marcada por un constante rigor; aspectos que definen a Clare Waight Keller, quien aunque lleva un par de años en la firma, posee gran confianza y vasta experiencia en confección, que la convierten en una de las imágenes más potentes de la alta costura.

Su última colección inspirada en la imagen de un pájaro atrapado dentro de un castillo gigante fue una fuerte declaración poética que la proclamó como una modista de gran habilidad y relevancia.

La colección Givenchy Haute Couture otoño-invierno 2019-2020, incorpora glamour teñido de ingenio; titulada “Noblesse Radicale”, fue vista en un mood board que incluía influencias de elegantes punks con perforaciones, muebles italianos de los años 70, Johnny Rotten en tartán, unicornios medievales y pinturas al óleo de la reina Isabel I, aplicando texturas tradicionales de alta costura y los nuevos volúmenes inspirados en la vida del castillo.  

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También una nueva holgura, atractiva pero no en términos de ajuste, sino en niveles de exactitud, libre en espíritu.

El pasado martes 3 de julio, Keller se presentó al evento Haute Couture con aplomo dentro del espacio de exposición del Museo de Artes Decorativas del Louvre, donde añadió cortinas de 25 metros de altura y luces gigantescas colgantes. Las selecciones musicales, al igual que la vestimenta, fueron temperamentales, desde la banda sonora original de Alexandre Desplat de The Tree of Life, hasta el histriónico Dance VIII de Philip Glass en la final del desfile.

La mitad de los estilismos sugería que entre más volantes y plumas mejor. Vimos emúes en zigzag para una falda lápiz, un gallinero de plumas manchadas para un vestido estilo flamenco e incluso un abrigo fantástico de hombre dividido verticalmente con plumaje de cisne en un lado y cuervo negro en el otro.

Y por supuesto, su elenco tenía esta aura de dama loca realzada por peinados retorcidos y de púas a lo Keith de Prodigy, o incluso alas rotas con extensiones de cabello.

La diseñadora detrás de Givenchy obtuvo la ovación del público tras haber mostrado un divino vestido primitivo en espina de pescado y estampado pata de gallo.

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En un show mixto, los chicos de Waight Keller eran mucho más veteranos y pulidos -con esmoquin blanco de doble pecho de Bryan Ferry- poetas en camisas con volantes de cachemira; y una fantástica chaqueta plateada de marajá que debe ser usada para recoger un Grammy este invierno.

Keller mencionó tras bambalinas:

“Quería que los personajes anarquistas se hicieran cargo del pelo y los sombreros. Esta idea de un ave que queda atrapada en una casa que y luego encuentra estos elementos diferentes. Y para finalizar, todos estos jacquards de The Tree of Life, procedentes de tejidos indios de los siglos XVII y XVIII, tomando esos patrones y tejiéndolos en bordados. Estaba deseosa de mejorar el diseño de las prendas, empujándolo hacia algo que tiene una connotación teatral”. 

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Esta idea denota un carácter anárquico, aquel que atraviesa el castillo y todos los elementos que resguarda, de esta forma descubrí el espíritu y la figura de las mujeres de este espectáculo.

En pocas palabras, la británica es más que una excelente modista que controla bien su taller, sus colecciones, su marca y su firma, pues con esta alta costura imaginativa, como salida de una novela surrealista, habría enorgullecido a Hubert de Givenchy.

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