Cooltura

Día de la música, un motor de vida

La música, ese elemento que le devuelve la vida al hombre, le da sentido y satisface aquello que ciertamente muchos otros placeres no pueden. ¡Claro que debía tener su día de festejo!

Cuentan las lenguas –esas de boca en boca- que a finales del siglo II d.C., aun cuando la religión católica no era aceptada en el Imperio Romano, una joven de nombre Cecilia fue obligada a casarse con un hombre que profesaba otra religión, persuadiéndola para renunciar a la que ella profesaba para evitar ser encarcelada. Pero Cecilia desistió, su fe permaneció intacta y a pesar de los castigos para orillarla a renunciar, cantaba con Clemencia aun siendo torturada entre los horrores de la época.

Muchos años después, algún Papa la nombraría la patrona de todos los músicos y con ello el día a los melómanos nos fue otorgado.

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Hace algunos meses leía un artículo en el que se afirmaba –sí, con base en estudios científicos- que el hombre no había nacido con la capacidad de crear música, cuestión que personalmente me parece muy extraña, incluso, regresando a temas religiosos, éstos dicen que el hombre ha nacido con las alabanzas en el ADN.

Pero bueno, no entremos en controversias; la música es sin duda algo que nos acompaña desde antes de nacer, crecemos con ella, es algo inherente a nosotros, es más, la buscamos como si fuese una respuesta, la tratamos como un universo compuesto de numerosas fórmulas.

¿Pero entonces la música tiene esa fórmula que nos permite desatar nuestras pasiones más ocultas? ¿Tiene esa capacidad de desatar la rebelión, cambiar el status quo o imponer ideologías?

Para mí la respuesta será siempre un rotundo sí.

Recordemos los inicios del punk,  que veía su nacimiento gracias a la mítica tienda de ropa de Malcom McLaren -integrante de los Sex Pistols- y Vivienne Westwood -diseñadora de moda-; ponían en marcha una tienda de moda en medio dela calle King’s Roas de Londres. La boutique, entre otros ingredientes, tenía como reclamo un nombre provocador: Sex. El semillero o laboratorio donde nacería uno de los estilos más impactantes del siglo XX. La cultura urbana que acabaría transformando la moda y la música: El punk-rock.

Vivienne Westwood and Malcolm McLaren

Vendían toda clase de objetos de gusto revival como discos de rock de los años cincuenta y otras bagatelas. Ellos eran la contrapartida a la boutique Biba, creada por la diseñadora Barbara Hulanicki y rompeolas de todas las modas que cruzaban en Londres, desde los efervescentes colores pop del Swinging London de los años sesenta al revival Art-Déco que señala el inicio de la década de los años setenta. Frente al buen gusto de Biba, la nueva tienda, Sex, se erigió como la boutique anti-fashion. Uniformes de gusto sadomasoquista, cazadoras de cuero, pantalones de lúrex, cadenas y camisetas con imágenes pornográficas; enseñas que la ponen en el ojo del huracán acompañadas de la periódica visita de la policía. McLaren y Westwood en más de una ocasión deberán pasar por la comisaría por culpa de su imagen, demasiado provocadora a juicio de los servidores del orden para exhibirse por la calle. Hasta allí se acercaría una tarde de 1975 un adolescente exhibiendo una camiseta con el logotipo de Pink Floyd sobre el que garabateó la frase “Odio”: Johnny Rotten. Su pelo de color verde le hacía parecer un alienígena en medio de turistas y curiosos. Rotten capitanearía la futura banda The Sex Pistols que representó McLaren (el nombre fue cosa suya) y que pondría en marcha el movimiento punk.

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El ruido finalmente se transformará en una gran explosión. Sex Pistols se convertirían en el icono estético-musical del movimiento. Sus armas, todas aquellas que sirvan para luchar y poner de manifiesto la hipocresía del establishment. McLaren y Westwood intuyeron el poder de subversión que puede tener la moda, en este caso el punk, como lo habían tenido los libros o las canciones. Las crestas multicolores desfilarían victoriosas por las orillas del Támesis mientras las revistas de moda se prepararían para darles sus portadas y acabar en las pasarelas de moda de París y Nueva York.

El arte invariablemente es influido por un acontecimiento social, pero sobre todo el arte sirve como inspiración entre disciplinas, tal vez los Sex Pistols no hubieran visto la luz de no ser por Sex, y tal vez Sex no habría aparecido en el mapa de no querer cambiar un punto de vista, de no buscar una rebelión contra el sistema.

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Así como en su momento el pop invadió la moda, Madonna marcó las tendencias; todas las grandes marcas deseaban vestirla y su rostro se mantuvo en las revistas más prestigiosas. Lo mismo le sucedió a Britney Spears, y así podríamos nombrar desde Katy Perry, pasando por Rihanna, Björk, Regina Spector o Lady Gaga, en quienes la música no es sin la moda, y a la inversa. 

Hoy tendencias urbanas como el streetwear y el sportscore, se ven conducidos bajo el mismo patrón en géneros como el rap o el hiphop, que han salido del Bronx de Nueva York para convertirse en grandes hits que suenan hasta en las más exclusivas veladas.

Mucho han influido en la popularización de cómo percibimos el sentido musical con el sentido de la moda en nuestra era -muy al estilo de lo que Malcom o Vivianne intentaban como amateurs- Kayne West, Childish Gambino, Pharrell, Nathy Peluso o Rosalía. Su sentido multifacético tiene algo en común: ninguno se permite encasillarse, importando poco si hablamos de composición, experimentación de géneros o inclusión de su sentido artístico en otras disciplinas como la moda.

Rosalía y J Balvin

Ambas fungen una parte vital de la cultura, pues reflejan la transformación del sentido humano y la moral de la época, porque ésta podrá cambiar, pero en esencia el humano sigue siendo el mismo, como diría Charles Baudelaire en aquella poesía en las Flores del Mal “Alma siempre arrebatada, eres siempre la misma”.

Sin duda la música es el parte aguas de innumerables tendencias, pero sobre todo de figuras influyentes que deciden cambiar el mundo con el ritmo de sus pasiones y que evocan en los oyentes aquello que las simples palabras no pueden, que mueven masas, otorgan voz a aquellos que deben callar y unen corazones a lo largo de este globo terráqueo hoy tan volátil y globalizado que nos deja entrever a todos esos creadores musicales, aquellos que no conocen de raza, género o nacionalidades.

¡Bendita sea la música y ese sentido que le da a nuestro ser!

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