Mexican & proud

Jazmín Martínez, en busca de la sensatez gastronómica.

Por María Fernanda Rodríguez  / Fotografía: Cortesia Jazmín Martínez

Conmemorando a mujeres grandiosas hemos decidido escribir sobre mujeres que inspiran. 

Construimos nuestras pasiones y gustos de las maneras más extrañas, pero lo increíble es cómo nos dejamos fluir entre aquello que creemos que solo es un hobbie hasta lo que se convierte en nuestro ser verdadero. Aceptarnos no es tarea fácil, cada día tratamos de convertirnos en una mejor versión. Ser leal, honesto y crítico con el trabajo que desempeñamos es siempre, la más dura de las tareas.

Llegué a Jazmín de una manera tan al estilo millenial -atrapada en redes sociales un sábado por la noche- mientras leía a una food blogger y un perfil de instagram me conducía a otro; así sin más, llegué a Food Police, un espacio honesto y sin pretensiones, sin vistas lujosas sino sitios con esencia sin igual, porque proyectamos aquello que desborda el alma y Jazmín es esto: un alma libre, comprometida y fiel a sus ideales. 

Jazmín es de Toluca, Estado de México, con una pasión bien marcada; la comida. 

Lo primero que podríamos decir es que proyecta una seguridad única, aunque también una autenticidad genuina a lo que hace: Relaciones Públicas Gastronómicas. 

Como ella misma lo describe en el manifiesto de Food Police: “Creemos que la comida sana, rica y alegre a la vista es un derecho de todos. No creemos en las modas culinarias que gentrifican y destruyen las comunidades gastronómicas locales. No estamos dispuestos a seguir comiendo en la calle a precios injustificados”. 

“Inicié Food Police como un punto referencial gastronómico porque me encanta adentrarme en las historias que existen detrás de un platillo y con la posibilidad de ver más allá. Hace unos años trabajé como coordinadora de marca para la industria energética. Los fines de semana me los gastaba viniendo a la Ciudad de México y mientras más reseñas leía sobre lugares que me prometían platillos sin iguales, más me encontraba con todo menos aquello que aseguraban. Particularmente tuve una experiencia –nada grata- en la que recibí una mala respuesta de la esposa de un chef mexicano con considerable fama, aseguraba que aunque tal vez yo tenía razón, no era nadie para contradecir a los medios.

Recuerdo haber pedido un taco de pulpo bastante minucioso, un coctel de camarón con un sabor nada agradable; padecí desde los alimentos hasta el servicio”. 

Si la experiencia no me deja mentir, Jazmín es de las personas que expresa lo que siente con congruencia. Asegura que el rubro del food blogging no solo es vasto, sino que, aunque existe una cantidad considerable de escritores honestos, muchos otros son capaces de distorsionar la realidad por un plato de comida gratis. Este hecho la llevo a dedicarse casi de tiempo completo a relatar anécdotas desde sus propias experiencias en la mesa. 

La comida como motor creativo

El alimento siempre ha estado ligado con el seno materno, es el primer lazo que construimos; nuestras madres nos ofrecen los nutrientes que nacen de su cuerpo y por esta razón nos repetimos la idea de que para conquistar a alguien es necesario llegar a su corazón por el estómago. Una forma de caricia y apapacho, esto es la raíz que nos ata a la comida en sus múltiples facetas. 

“Mi mamá guisa muy bien, en mi familia todos cocinan, tengo familiares que de alguna manera se dedican o se relacionan con algún menester de la gastronomía, de una u otra forma mi entorno se mueve en ese ámbito. Alrededor de mis nueve años, mi mamá decidió terminar la universidad y yo me quedaba bastante tiempo sola. Tenía una tía que tenía libros de cocina preciosos. Así que comencé a llevármelos a casa, mi papá por su parte notaba mi afición y me compraba los  ingredientes, fue así como empecé a cocinar desde muy pequeña.

Creo que siempre hubo un ritual imporante con respecto a los sabores sobre la mesa en mi vida. Poco a poco la cocina se convertía en un pilar, un refugio y un área de apoyo emocional. Si me siento mal me pongo a cocinar –cuando tengo tiempo- o me pongo a comer y con esto no me refiero a llenar un vacío sino a dejarme cautivar por todas esas sensaciones que hay en lo que como.

Si voy a un restaurante y pido una taza de café, no solo veo una taza de café, sino que me pongo a pensar de dónde viene, en sus notas, texturas y demás. Cuando me animo a visitar un lugar lo hago porque de verdad hay algo en él que atrae mi atención, si vi una foto o escuche una buena historia, quizá un antojo de ciertos platillos. Normalmente camino mucho o siempre ando en el teléfono, soy muy observadora, a veces busco lugares clásicos, algunas otras leo sobre nuevas aperturas y aunque claramente no se habla de todo trato de buscar un balance en cada una de mis visitas”. 

¿Cuándo decir basta?

“Decidí irme de la empresa en la que trabaja principalmente por falta de crecimiento personal, además debía hablar de beneficios en algo que no los tiene y para mí, sacrificar mi ética profesionales algo impensable, esta vale más que cualquier ingreso que pudiera tener. Deje todo en orden y con tiempo suficiente para cubrir mi puesto. Decidí irme de vacaciones un año.

Mi pareja de entonces era músico y gracias a su profesión conocí a mucha gente que me hablaba sin parar sobre cómo era posible vivir de hacer lo que a uno le gusta, así que se me metió el gusanito. 

Food Police nunca fue un plan cronometrado, tampoco pensé en poder dedicarme de lleno a esta industria o pasar de un hobbie a una vocación de vida. 

Tengo formación literaria, me fascina escribir; también tengo formación en ciencias políticas, creo que todo esto ha transformado mi persona y me ha permitido dejar atrás a esa Jazmín introvertida, incapaz de decir lo que piensa por una Jazmín segura de su trabajo, de saber cuándo es propio decir que no y ser sensata conmigo misma. 

Ahora tengo una pequeña agencia de servicios gastronómicos y podrá sonar a cliché pero nació de un pasatiempo, me desempeño gracias a mi pasión: la escritura y la comida. El visitar y conocer, charlar con mis amigos que al final de día  son mis socios y mis clientes. 

Aunque eso sí, hay que ser muy realista si queremos vernos valerosos, yo no deje el todo por el todo, diseñé un plan financiero y estaba confiada a mi pareja actual que me apoyaba con algunos gastos. Hay que actuar con decisión, disposición y a pesar del miedo. 

Poco a poco todo me fue jalando y una cosa me llevaba a otra. Pedí trabajo y no me lo dieron, no sé fue muy extraño. Hoy, tiene casi cinco años que no piso una oficina, que no me las lío –casi- con el tráfico y que tengo la libertad para acomodar mi día”.

Sin duda en palabras de Jazmín habrá ocasiones en las que la gente nos dirá que no y otras en las que nos dirán aquello que no deseamos escuchar aunque tengan razón, sin embargo, siempre habrá un mejor comienzo, una mejor versión de nosotras mismas y una pasión que nos conduzca a la vida por la que seguimos trabajando, solo nos falta un poco de fe en nosotras mismas, porque crear es un acto de fe, pues para crear primero hay que creer.

Food Police es un claro ejemplo de que las puertas solitas van abriéndose, solo hay que ir encaminándonos hacia lo deseado para que todo lo demás fluya, somos nosotros quienes hacemos que suceda.

¡Jazmín eres inspiración pura, nunca dejes de enamorarnos con tus historias, nos encanta leerte!

Si quieres conocer más sobre su trabajo te invitamos a que le eches un vistazo a @foodpolice en instagram, foodpolice.com y sus textos adicionales en Gourmet de México. 

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