Mexican & proud

Mujeres que inspiran: Teri, la fuerza convertida en mujer.

Texto & fotografía: Lluvia Magaña.

Cuando recuerdo mi infancia es sencillo remontarme a largos viajes por carretera, manglares, ranchos ganaderos. Mi infancia me lleva a la ciudad de donde es mi familia que, entonces, era para “vacacionar”. Donde veía a mis primos, tíos y demás familiares en cada periodo vacacional que el trabajo de mis papás nos permitiera. 

He vivido siempre leyendo historias de nietos y abuelas, llorando con post en redes sociales donde relatan el día junto a su abuela o con películas donde la abuela es una “segunda mamá”, ¿La razón? Más allá de lo hermoso que es, tiene que ver con el hecho de que yo no tuve esa oportunidad. 

Cuando me pongo a pensar en las acciones que las personas describen como “propias de una abuela” (hablando desde los sentimientos), me doy cuenta que en mi vida existe alguien que encaja en esa descripción. 

Toda mi vida crecí con la figura de una señora a la que me limitaba a llamar “Teri”, simple y sin mayores vueltas. Nunca supe que parentesco tenía conmigo o con mis papás, pero ella estaba siempre ahí. Al pie del cañón para ayudarnos en todo lo que necesitáramos.

De apoco me di cuenta que la conexión venía del lado de mi mamá, porque estaba en todos los eventos de la familia de mi mamá. 

En todos los recuerdos que tengo de chiquitita, ella aparece siempre de la misma forma: Trabajando. En donde sea y en lo que sea, barriendo, cocinando, lavando, cuidando a alguno de mis primos, levantando plásticos, criando a los animales, lo que fuese necesario hacer. 

Un día me animé a resolver mi duda, así que le pregunté a mi mamá “¿De qué nos toca “Teri”?, ella me miró y me dijo: “Es mi prima”, y entonces comenzó a contarme la historia. Relato del que, como buena mexicana, cada que recuerda me cuenta alguna nueva memoria. 

Aunque desconocemos su edad exacta, porque no sabemos en qué año nació, somos conscientes que llegó al mundo un 16 de Octubre y que ahora debe tener más de 60 años. 

Teri es una mujer humilde, “mestiza” como le llamamos en Yucatán a aquellas mujeres que visten siempre con “huipil”. Y así como la recuerdo es como siempre ha vivido: trabajando. De acuerdo a las memorias de mis tíos, su mamá la “regaló” con mi abuela, por lo que, en teoría creció como una hermana más. 

Para compensar que vivía en la casa de mi abuela comenzó a trabajar desde muy chiquita, ayudando en el que hacer, motivo por el que no estudió. Además desde niña empezó a cuidar a mis tíos que eran bebés y a los hijos de mis tíos. No se casó, cuando tuvo la edad se fue a vivir con su pareja, con él tuvo cuatro hijos.

Nunca tuvo una vida fácil, nada le llegó “caído del cielo”, y sin embargo ella siempre está sonriendo, y su sonrisa contagia a más de uno, al igual que sus ganas de trabajar. 

Cuando somos más pequeños no reflexionamos mucho en la importancia de algunas personas en nuestra vida, y no está mal, simplemente normalizamos a muchas personas que están siempre cerca de nosotros. Por eso a medida que fui creciendo, noté y conocí las situaciones que antes describí.

En el mes de la mujer, yo he elegido a ella como una de las mujeres en el mundo que más me inspiran. Admiro de ella la valentía con la que ha afrontado cada uno de los obstáculos que se le pusieron enfrente. Admiro la fuerza con la que se ha levantado a su familia de cada uno de los problemas que han tenido. Y espero que yo pueda tener en mi vida toda esa fortaleza.

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