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Día Internacional de NO Violencia

La violencia es un acto que desemboca en una ruptura con la armonía, es decir, cuando se ejerce una acción fuera de lo natural. Por lo tanto, la violencia existe en todos los niveles que afectan la vida del ser humano, se puede desarrollar en un nivel emocional y psicológico. Actualmente, la violencia física es la que más se hace evidente, ya que sus consecuencias son visibles en el cuerpo. Sin embargo, la violencia psicológica y emocional también son de gran importancia.

La filósofa Hannah Arendt argumenta que la violencia es la expresión más contundente de poder. En otras palabras, es cuando alguien tiene poder sobre otra persona (o sí mismo)  de manera física, psicológica, patrimonial, económica y sexual. Es de gran importancia conocer estos tres tipos de violencia, ya que para poder evitarlos es necesario detectarlos.

La violencia psicológica y/o emocional es aquella que implica una agresión sin que exista un contacto físico entre personas. Por otra parte, es cualquier acto u omisión que daña la estabilidad emocional y psicológica de algún ser humano. Ésta se presenta en forma de insultos, humillaciones, indiferencia, rechazo, amenazas, comparaciones destructivas, abandono y descuido, entre otras. Todas estas acciones, llevan a que el individuo que es violentado se sienta mal, se desvalorice y se convierta en una víctima de depresión, la cual puede tener consecuencias catastróficas como es el suicidio.

La violencia psicológica se manifiesta después de un largo proceso, a través del cual la víctima no se da cuenta de que el agresor vulnera sus derechos, su integridad y estabilidad. En la mayoría de los casos, las personas no se dan cuenta de que son violentados ya que no existen acciones físicas como golpes y empujones. Esto hace que este tipo de violencia sea mucho más dañina y letal.

El impacto de la violencia psicológica es enorme. Impide que las personas se realicen y se desenvuelvan de una manera correcta y funcional; disminuye o elimina los recursos internos que la persona posee para hacer frente a las situaciones de la vida cotidiana.  Además, la persona violentada pierde su dignidad, seguridad y confianza en sí misma y en sus círculos sociales cercanos. Ella interioriza las ofensas de la persona que ejerce la violencia y las hace suyas. Como consecuencia, surgen sentimientos de vergüenza y culpabilidad en la víctima; fobias y trastornos de pánico y, en los peores casos, daño autoinfligido que puede resultar en un suicidio.

La violencia psicológica es una realidad que viven muchas personas sin darse cuenta. Para evitarla, es necesario poner atención al comportamiento de los seres queridos, amigos, compañeros de trabajo y en uno mismo. Es importante escuchar a esas personas que necesitan comunicar sus emociones y sentimientos. También es necesario compartir información acerca de esta violencia emocional para que las personas se den cuenta de que se encuentran violentadas. La comunicación asertiva será la clave para la prevención y para ayudar a aquellas personas que lo necesitan.

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