Modelaje infantil: ¿otra forma de explotación?

Imagen: Zara Kids

Las palabras «trabajo» o «explotación infantil» dirigen nuestros pensamientos a niños en situación vulnerable, constantemente abusados ya sea en el campo, la calle o en alguna empresa o fábrica que permite dinámicas de trabajo ilegales, para obtener parte del sustento familiar.

Según datos de Unicef, en México 3.6 millones de niños, niñas y adolescentes de entre 5 y 17 años de edad se encuentran trabajando, cantidad que representa el 12.4% de la población del país. De éstos, 1.1 millones son menores de 14 años. Aunque se está tomando el tema como prioridad y se busca de manera urgente erradicar la situación a través de la creación de instituciones dedicadas a la identificación y prevención de estas prácticas, con el fin de llegar a un nivel de cero tolerancia hacia el trabajo infantil en 2025, la normalización de ciertas industrias como las del entretenimiento y la moda, nos hace recordar que no estamos tratando la problemática en todos sus contextos.

Escuchamos historias de cómo las top models internacionales fueron «descubiertas» a los 13 o 15 años de edad en un centro comercial o escuela, y que a partir de ese momento sus carreras despegaron hasta lo que conocemos actualmente. Sin embargo, como ellas hay miles de niñas y niños que, ya sea por el deseo de cumplir sus sueños o por indicaciones de un tercero (sea padre, tutores o conocidos), se acercan a este mundo que, en muchas de las ocasiones, borra la línea entre las actividades permitidas para un infante y los tratos, presiones y actitudes que puede tolerar un adulto, olvidando que a pesar de que se encuentren en un ámbito laboral y profesional, el nivel de madurez y entendimiento aún es completamente diferente.

En 2012, la supermodelo Kate Moss confesó que a los 16 años se vio obligada a hacer una sesión de fotografías topless; la presión de su agente y las personas en el set la llevó al extremo de tener un colapso nervioso. Moss recuerda que la manipularon diciéndole que su carrera dependía de ello, y que de no hacerlo nadie volvería a contratarla. Esta ansiedad la siguió hasta los 18 años, edad en la que aún se sentía incómoda con su cuerpo y vulnerable al realizar tomas que solicitaban la exposición de su cuerpo. Aun cuando la experiencia de Moss sucedió hace más de 20 años, este tipo de acciones siguen sucediendo a miles de niños y niñas modelos, y se extienden más allá de unas fotografías inapropiadas.

La falta de rigor en el límite de horas que puede trabajar un menor, la poca educación en la administración y distribución de sus ganancias, o la constante presión de mantener una imagen, son sólo algunas de las problemáticas a las que se enfrentan y que, aun si le sucedieran a un adulto, son consideradas inaceptables. La diferencia radica en que la legislación es clara sobre los derechos laborales de un mayor de edad y los menores se encuentran en un espacio difuso o nulo.

Actualmente los niños cuentan con mayor exposición hacia medios y personas a través de redes sociales gestionadas por sus padres en las que, con el afán de ser descubiertos por algún promotor, posan como profesionales y sólo es necesario un golpe de suerte para llamar la atención de una marca y comenzar su carrera. Es por eso que se entiende como necesario continuar con los esfuerzos para eliminar la brecha entre lo profesional y lo correcto.

Los esfuerzos para fortalecer los derechos de los niños en la industria del modelaje sí existen y poco a poco se hacen escuchar. En 2013 la exmodelo Sara Ziff, a través de la organización Model Alliance, concretó una reforma con el gobierno neoyorquino para regular las operaciones de agencias y marcas al contratar niños para formar parte de sus campañas y pasarelas, tomando en cuenta su salud física y mental además de su desarrollo escolar. En España es necesario contar con un ordenamiento jurídico que avale la seguridad del infante y que los espacios en los que se desenvuelva sean aptos.

En México aún queda mucho por hacer, pues la regulación no especifica el tipo de trabajo, pero intenta ser un guía entre el adulto y el niño o niña en cuestión.

 

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